Rabietas y llantos en la Crianza Consciente: 4 posibles causas y cómo reaccionar 

28.12.2020

Volvemos en Crianza con Conexión con un nuevo artículo de Mona Delahooke que nos desvela las principales causas de los comportamientos, crisis emocionales y rabietas de los niños, y nos aporta algunas ideas para acompañarles y apoyarles de forma respetuosa y compasiva en esos momentos. 

"En una publicación anterior, sugería que deberíamos apreciar las crisis emocionales por lo que son: la forma subconsciente (no intencional) que tiene el niño de mostrar que necesita algo de los adultos que le rodean o de su ambiente. Cuando un niño experimenta una crisis de llanto, una rabieta o actúa agresivamente está comunicando que ha excedido su habilidad para controlar sus emociones y comportamientos. 

Naturalmente, cuando los niños se sienten sobrepasados o no pueden regular sus emociones, querríamos que encontraran formas de pedir ayuda. Pero cuando la crisis de llanto o la rabieta ya está ocurriendo, el cerebro del niño ha cambiado al modo "rojo" de lucha o huída y su habilidad para expresarse con palabras está comprometida por el estado de su sistema nervioso autónomo.

¿Cómo podemos ayudar a los niños en estos momentos? 

Resulta útil considerar cuatro categorías de desencadenantes de crisis emocionales y del comportamiento. Piensa en el comportamiento observable del niño como la punta visible de un iceberg. Estas categorías son la parte más grande del iceberg que está bajo la superficie del agua, oculto a la vista. Comprender la causa oculta puede ayudarte a formular la respuesta más apropiada.

El cuerpo físico del niño. A menudo, lo que subyace al comportamiento es un proceso que tiene lugar en el cuerpo del niño. Algunos ejemplos: sueño inadecuado, niveles fluctuantes de azúcar en sangre, enfermedad, dolor físico o algo tan simple como el estreñimiento. Cualquiera de estos procesos pueden disminuir los umbrales de control emocional y comportamental del niño. El resultado - cuando pedimos al niño hacer cosas que exceden su capacidad para obedecer- es una crisis de llanto. 

La solución pasa por determinar qué necesita el cuerpo del niño. Si una pesadilla mantiene al niño despierto toda la noche, entonces reduce las demandas hacia el niño y ayúdale a dormir tan pronto como sea posible. Lo que se necesita no es "arreglar" de algún modo el comportamiento del niño, sino satisfacer la necesidad física que ha originado la crisis emocional.

Las experiencias sensoriales del niño. Todos experimentamos el mundo a través de nuestros sistemas sensoriales: vista, oído, gusto y olfato. Asimismo, existe el sistema vestibular (movimiento en el espacio), el sistema proprioceptivo (sensaciones en los músculos y articulaciones) y el sistema interoceptivo (sensaciones internas). Todos estos sistemas afectan a la sensación subconsciente de seguridad "cerebro-cuerpo" del niño. 

Cuando los niños experimentan hiperreactividad en una o más de estas áreas, estas experiencias sensoriales pueden desencadenar reacciones en sus comportamientos. Para determinar si las experiencias sensoriales son la causa de una crisis de llanto particular, resulta muy útil realizar un registro de los comportamientos y ver si las crisis emocionales tienden a suceder al mismo tiempo que ciertas experiencias sensoriales. Si tu hijo tiene una rabieta de forma recurrente cuando le cortas o le lavas el pelo, por ejemplo, podría estar experimentando hiperreactividad en su sistema táctil. 

Del mismo modo, si tu hijo rechaza ciertas comidas por su olor, podría tener hiperreactividad en su sistema olfativo (sentido del olfato). Si la hiperreactividad sensorial es extrema y causa de preocupación, un terapeuta ocupacional pediátrico podría evaluar al niño y ofrecer sugerencias para apoyarle. La página web de Star Institute ofrece excelente información técnica y práctica para las dificultades en el procesamiento sensorial.

Sentimientos y emociones. El miedo, la hipervigilancia y la ansiedad surgen a raíz de cómo interpreta el niño las experiencias de su cuerpo y de su mente. A veces, los niños experimentan estrés y se sienten sobrepasados rápidamente, desatándose una respuesta de lucha o huída que desemboca en una crisis de llanto. Todo esto puede pasar muy rápido - a menudo mucho antes de que el niño sea consciente de sus emociones y pueda pensar en cómo sentirse mejor.

Para averiguar la causa, presta atención al lenguaje corporal y la expresión facial del niño - especialmente en el área alrededor de los ojos. ¿Los ojos están muy abiertos? ¿Miran sin cesar a su alrededor? ¿Están abatidos, calmados o felices? Los ojos son el polígrafo del estado de nuestro sistema nervioso autonómo, según el neurocientífico Stephen Porges. ¿Está el cuerpo del niño relajado y cómodo? ¿O camina de un lado a otro mostrando signos de estrés? Cuando las expresiones faciales y la postura del niño sugieren una respuesta de estrés, es mejor reducir tus expectativas y acercarte con calidez y comprensión al niño para ayudarle a volver a la vía verde de la conexión social.

Pensamiento e Ideas. Un niño puede tener una mente activa que percibe fácilmente amenazas para su bienestar. Al encontrar un problema difícil durante un examen de matemáticas, por ejemplo, podría concluir con rapidez que no es lo suficientemente listo como para aprobar el examen, y tener una reacción automática que desencadene una crisis emocional. Y todo esto incluso antes de ser consciente de ese pensamiento. La clave para ayudar a los niños a evitar esas reacciones catastróficas ante pensamientos e ideas reside en ayudarles a hablar de lo que sucede en su interior. Hablar y expresar las propias emociones puede ayudar a calmar la reacción del cuerpo frente al estrés. En palabras de Tyna Bryson y Daniel Siegel: "Si podemos nombrarlo, podemos apaciguarlo". Observa al niño para detectar signos de distrés fisiológico y céntrate en prevenir la crisis emocional para poder así apoyarle de forma compasiva y ayudarle a contrarrestar las ideas y pensamientos negativos.

Evidentemente, no siempre se podrá identificar la causa de una crisis emocional. Los llantos persistentes y las rabietas son básicamente señales que nos indican que el niño ha excedido su capacidad para salir adelante y que necesitan de adultos empáticos y comprensivos que les ayuden a superar ese momento."

Puedes leer el artículo original en inglés aquí.


Sobre Mona Delahooke

Mona Delahooke es doctora en psicología con más de 30 años de experiencia en el acompañamiento a niños y familias, y miembro senior de la Fundación Profectum, organización dedicada al apoyo de familias de niños, adolescentes y adultos neurodivergentes.

Además de haber dedicado su carrera profesional a promover un enfoque compasivo basado en las relaciones y la neurociencia, es la autora de un libro imprescindible que están teniendo una excelente acogida en Estados Unidos y que en breve verá la luz en español, "Beyond Behaviors: Using Brain Science and Compassion to Understand and Solve Children's Behavioural Challenges".

Como para mí Mona es una autora de referencia, cuyo enfoque y propuestas han impactado profundamente mi labor profesional y mi maternidad, tengo su permiso para ir publicando en español aquellos artículos de su autoría que me parecen más interesantes y que complementan los artículos de este blog.

Si te perdiste los artículos anteriores de Mona Delahooke, puedes leerlos en los siguientes enlaces:

"¿Disciplina para niños? Es hora de cambiar el enfoque

 "La ira, el llanto y las rabietas protegen a tu hijo"


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